Tenemos la idea de que crear monstruos, criaturas extrañas o mundos de fantasía, son juegos o sueños de niños o una forma de escapar de la realidad. Sin embargo, para el psicólogo y psiquiatra suizo Carl Jung, la fantasía es una herramienta de sanación vital.
En 1913, se pelea con su amigo Sigmund Freud, y cae en una crisis profunda. Sintió que había perdido el rumbo y, para salvarse, dejó de pelear contra sus pensamientos y se entregó por completo a su imaginación para entender qué estaba pasando dentro de su cabeza.
Jung descubrió lo que luego plasmó en su obra, El Libro Rojo, donde entre tantas cosas llegó a la conclusión que crear no es inventar de la nada.
Cuando un artista dibuja o moldea una criatura extraña, solo le está dando un cuerpo físico a algo que ya vive en su interior. Para Jung, nuestra mente es como un bosque lleno de animales que no los inventamos nosotros, ellos ya viven ahí, y el artista es simplemente el explorador que se atreve a identificarlos y mostrárselos al mundo.
Para conectar con ese mundo interior, Jung redescubrió el poder de lo manual. A los diez años, cuando se sentía abrumado por el mundo, talló en madera un muñequito de seis centímetros que escondió en el ático como un amuleto sagrado para recuperar su seguridad. De mayor, durante su crisis, volvió a tallar piedra y madera, redescubriendo que realizar actividades físicas y creativas, servían para desbloquear su mente.
Cuando se sentía "atascado" intelectualmente, estas tareas manuales actuaban como un puente que calmaba su intelecto y permitía que las ideas y las fantasías del inconsciente volvieran a fluir.
Dar vida a una criatura es lo que Jung llamaba imaginación activa, el arte de traducir las emociones puras en figuras visibles, logrando una paz mental que la lógica o la razón jamás nos podrán dar.
Las artistas que seleccioné para hoy, no solo logran domar sus monstruos sino que continuan acercándose a la creatividad con autenticidad, dándoles a las criaturas un lugar en el mundo real y permitiendo que la magia de lo inexplicable y lo extraño quizás cure nuestra mente.
1 - Emily Counts
Si la teoría de Jung nos dice que la mente es un bosque habitado por criaturas que el artista debe salir a buscar, la obra de Emily Counts es la prueba física de esa expedición. Sus esculturas son auténticos tótems contemporáneos donde la artesanía tradicional de la cerámica se encuentra con elementos místicos.
Logra que lo extraño se sienta extrañamente familiar. Al combinar la cerámica hecha a mano con la luz, sus criaturas se convierten en portales mágicos.
Como decía Jung: “La fantasía es el lenguaje más inteligente que tiene el alma para explicarse a sí misma.”
2 - Melissa Monroe
La obra esta artista estadounidense no busca la mera decoración, su trabajo es una exploración de lo que ella misma define como "la intensidad de estar vivos", transformando emociones complejas en formas escultóricas.
Para Monroe, cada pieza actúa como un escudo que irradia belleza exterior mientras resguarda las verdades más crudas de la existencia. Bajo el juego vibrante del color y las texturas, conviven en un mismo espacio la tristeza, el amor y la alegría. No se limita a moldearlas sino que las habita, realiza performances con ellas y crea videoinstalaciones, permitiendo que sus criaturas cobren vida y actúen con el público, difuminando la barrera entre la realidad y la fantasía.
3 - Matylda x Agata Iwaszkiewicz
La artista polaca Matylda parece que se conecta muy bien con su lado más místico y fantasioso. Desde su taller en Gdańsk, moldea criaturas con miradas profundas, familiares y lúdicas. No son seres que asusten pero incomodan.
Lo que me atrapa de este tipo de creadores es esa habilidad única para diseñar desde la imperfección intencionada, aportando a cada obra un toque excéntrico y original, que nos interpela sobre el concepto de belleza y nos obliga a admitir que lo inusual es atrapante.
4 - Marli Toys x Lidiya Marinchuk
La mente de Lidiya es envidiable, esta artista ucraniana, radicada en Lisboa, rescata la pureza infantil a través de sus juguetes esculturales. Sus obras, lejos de ser un simple escape, son un canal directo a esa mirada lúdica de la infancia que la lógica adulta suele apagar.
Las piezas están confeccionadas en tela mediante la técnica de imprimación textil, la cual consiste en aplicar un líquido base (primer) sobre el tejido antes de pintarlo, de este modo, la fibra no absorbe tanta tinta, lo que permite crear una capa sólida y brillante, además de aportar mayor durabilidad a los colores.
Aunque sus obras simulan la estética infantil, Lidiya confiesa que su musa inspiradora es Fibi, su perra Jack Russell Terrier, pero también nos muestra que los animales que habitan nuestro bosque mental no tienen por qué ser oscuros, intimidantes o incómodos, también pueden ser alegres, simpáticos y llenos de color.
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