Mientras pensaba esta newsletter me enteré de que no solo se nos fue David Hockney, también falleció la artista, directora y escritora Marjane Satrapi, reconocida por Persépolis, la novela gráfica basada en su propia infancia y adolescencia en Irán y considerada una de las mejores de todos los tiempos.
Pensando que tienen ambos en común, ademas de ser artistas, es que como buenos artistas, saben mirar.
Para Hockney, los artistas no nacen con ese don, sino que lo aprenden y lo practican. En sus propias palabras: “Enseñar a dibujar es enseñar a mirar. A mucha gente no le cuesta mirar con atención, le cuesta mirar de verdad”.
Y mirar de verdad no siempre es cómodo.
La mirada de Hockney, con su fascinación por el color, seguramente impulsada por su sinestesia, está presente en toda su obra. En sus famosas piscinas californianas, como A Bigger Splash (1967) o Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) (1972), nos recuerda que la mirada nunca es neutra. La pintura que vemos es, en realidad, lo que él vio. Y ese ojo que mira viene con una vida recorrida, una experiencia y una historia propia.

David Hockney, Portrait of an Artist (Pool with Two Figures), (1972). ©DAVID HOCKNEY.
Pero Hockney fue todavía más lejos. Dedicó buena parte de su obra a cuestionar la “mirada única” y lo que llamaba el imperialismo de la perspectiva occidental. Porque una cosa es que un artista nos muestre su forma de ver el mundo, y otra muy distinta es hacernos creer que existe una única manera de verlo.
De ahí nacen sus famosos “joiners”, collages de fotografías tomados desde distintos ángulos y momentos. En lugar de reproducir la visión fija de una cámara, Hockney intenta acercarse a la forma en que realmente vemos: moviéndonos, reconstruyendo, recordando. Para él, la fotografía podía mentir, el dibujo y la pintura, en cambio, eran más humanos.

Pearblossom Hwy., 11 - 18 Abril 1986 ©David Hockney
También estaba la mirada íntima. En obras como My Parents (1977), Hockney retrata algo tan simple y tan complejo como una vida compartida en la cotidianeidad. La observación de quienes nos rodean, de los vínculos y de nuestra propia historia.

My Parents, 1977
Y nunca le tuvo miedo a la tecnología. Usó el fax para enviar una obra a la Bienal de San Pablo, fotocopiadoras, polaroids, cámaras digitales y fue uno de los primeros artistas en incorporar el iPhone y el iPad a su práctica.
En su libro Secret Knowledge (2001), Hockney plantea una idea provocadora para la historia del arte, muchos de los grandes maestros del pasado habrían utilizado dispositivos ópticos como herramienta para la creación de sus obras.
Para él, la tecnología siempre estuvo presente en la representación visual, incluso cuando no se reconocía como tal. Distintos instrumentos ópticos habrían permitido proyectar imágenes sobre lienzos o paneles, facilitando la construcción del espacio y la representación del rostro.
Desde ahí, la historia del arte puede leerse también como una historia de técnicas y herramientas, no solo de estilos o genios. La tecnología no aparece como algo externo a la creatividad, sino como una parte central de la manera en que vemos y representamos el mundo, y esa idea atraviesa toda su obra.
Porque para Hockney las herramientas cambian, pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿cómo vemos?
Y ahí aparece Marjane Satrapi.
Si Hockney nos enseña que mirar es aprender a ver más allá de una única perspectiva, Satrapi nos recuerda que mirar también es dar testimonio.
En Persépolis cuenta su infancia y adolescencia durante la Revolución iraní y la guerra entre Irán e Irak. Pero no lo hace desde la historia oficial ni desde los estereotipos occidentales sobre Oriente Medio, sino desde la mirada de una niña. Una mirada íntima y personal que abre una puerta para entender una realidad compleja desde adentro.

Al igual que Hockney cuestiona la idea de una única forma de representar el mundo, Satrapi cuestiona la idea de una única historia, porque toda mirada está atravesada por una experiencia y la manera en que vemos condiciona lo que entendemos.
Mirar, para los dos, no es solo en registrar lo que tenemos adelante. Es una forma de prestar atención. De cuestionar. De acercarnos a la experiencia de otros.
Porque mirar de verdad no siempre significa encontrar respuestas, muchas veces significa estar dispuestos a ver aquello que todavía no habíamos aprendido a mirar.
Antes de irme, te dejo estas ideas para el fin de semana:
Satrapi también dirigió la película animada con la misma estética de arte gráfico del libro, te recomiendo buscarla.
Un poco volado, pero seguime con esto: Koyaanisqatsi, de 1982, dirigida por Godfrey Reggio y con música de Philip Glass, es la primera película de la trilogía Qatsi. Es una peli sin diálogo ni narración tradicional. Es un viaje visual construido a partir de imágenes de la naturaleza, ciudades, industria y tecnología.
El título viene del idioma hopi y se traduce como “vida en desequilibrio”. Esa idea atraviesa toda la película: la tensión entre el mundo natural y el mundo industrializado.
Es la primera parte de la trilogía Qatsi, seguida por Powaqqatsi y Naqoyqatsi. Ideal si tenés ganas de una experiencia sensorial que te saque un poquito de eje.
Si tenés una consulta o querés comunicarte conmigo, hacelo respondiendo a este mail Nos leemos el viernes que viene, ¡buena semana! :)
